TRABAJO EN EQUIPO · CONFIANZA · LIDERAZGO
Trabajo en equipo no significa vigilar a tus compañeros

Hay algo que siempre me ha llamado la atención en el mundo laboral: la facilidad con la que, en ocasiones, confundimos trabajar en equipo con estar pendientes de lo que hacen mal los demás.
Durante mis años en retail he visto cómo pequeños errores de un compañero llegaban a oídos de un responsable antes incluso de que la persona que los había cometido pudiera corregirlos. Y siempre me he preguntado qué ganamos realmente con esa manera de actuar.
No hablo de situaciones graves, incumplimientos de seguridad o comportamientos que puedan perjudicar a otras personas. Me refiero a esos despistes cotidianos que todos podemos tener y que muchas veces se solucionarían simplemente hablando con el compañero.
Porque para mí, trabajar en equipo también significa ayudarnos cuando alguien se equivoca.
Una enseñanza que viene de mi infancia
Soy la pequeña de cuatro hermanos y recuerdo que, cuando éramos niños, alguna vez iba a contarle a mi padre alguna trastada que había hecho uno de ellos.
Mi padre tenía una forma particular de reaccionar: castigaba tanto al que había hecho la trastada como al que había ido a contársela. Decía que entre hermanos teníamos que cuidarnos, ayudarnos y aprender a resolver esas pequeñas cosas. Él, como padre, era quien tenía la responsabilidad de estar pendiente de lo que hacíamos.
Por supuesto, aquello no incluía situaciones importantes o peligrosas. Había una diferencia entre una travesura sin consecuencias y algo que realmente necesitaba su intervención.
Con los años he recordado muchas veces aquella enseñanza, porque creo que ha influido bastante en mi manera de entender el compañerismo.
Antes de señalar, quizá podamos hablar
Imaginemos que llegas a una zona de la tienda y descubres que un compañero ha dejado una tarea sin terminar. Puede que haya tenido mucho trabajo, que le hayan interrumpido varias veces o que simplemente se haya despistado.
Puedes acudir directamente al responsable para contárselo o puedes acercarte a esa persona, explicarle lo que has encontrado y darle la oportunidad de solucionarlo.
Siempre he sido partidaria de hablar primero con el compañero cuando se trata de algo cotidiano que puede corregirse sin mayores consecuencias.
Porque todos cometemos errores y todos agradecemos encontrarnos con alguien que nos eche una mano en lugar de alguien que aproveche nuestro descuido para dejarnos en evidencia.
Suelo decir que, antes de señalar el error de otra persona, conviene mirar nuestra propia mochila. Seguramente tampoco está completamente vacía de equivocaciones.
Y esto no significa asumir continuamente el trabajo de los demás o callarse ante un problema que se repite. Significa saber distinguir cuándo podemos ayudarnos entre compañeros y cuándo es necesaria la intervención de un responsable.
Cuando el equipo termina haciendo el trabajo del líder
Aquí hay otra cuestión que me parece especialmente importante.
Un responsable necesita conocer lo que ocurre en su equipo, detectar dificultades y asegurarse de que el trabajo se realiza correctamente. Pero una cosa es fomentar una comunicación abierta y otra acostumbrarse a que sean los propios compañeros quienes estén constantemente informando de los errores de los demás.
Porque cuando eso sucede, puede aparecer una dinámica bastante perjudicial: las personas empiezan a estar más pendientes de lo que hacen mal sus compañeros que de cómo pueden colaborar con ellos.
Y quienes lideran tampoco deberían olvidar que observar, preguntar, estar presentes y conocer cómo trabaja su equipo forma parte de sus responsabilidades.
No significa que tengan que descubrir absolutamente todo por sí solos. La comunicación es necesaria y hay situaciones que deben trasladarse. Pero me parece importante que un responsable se pregunte qué está fomentando cuando alguien acude constantemente a contarle los pequeños errores de otra persona.
¿Está recibiendo información que ayuda a mejorar el trabajo o está reforzando una forma de relacionarse que puede acabar generando desconfianza?
Porque, si queremos equipos que colaboren, también tenemos que prestar atención a los comportamientos que reconocemos y a los que damos importancia.
No se trata de ocultar errores, sino de saber gestionarlos
Creo que una de las cosas que debemos aprender a diferenciar es cuándo una situación necesita ser comunicada y cuándo podemos resolverla directamente.
Si hablamos de seguridad, conductas graves o problemas que se repiten y afectan al funcionamiento del equipo, informar es una forma de actuar con responsabilidad.
Pero no todo descuido cotidiano necesita convertirse en un asunto que llegue a una reunión o termine señalando públicamente a alguien.
Hay una gran diferencia entre comentar que una tarea ha quedado pendiente para buscar una manera de organizarnos mejor y utilizar ese momento para dejar en evidencia a la persona que no la terminó.
Las empresas necesitan equipos que detecten problemas y se responsabilicen de su trabajo, pero también personas capaces de hablar entre ellas, corregir errores y colaborar sin que cada equivocación termine generando desconfianza.
Y los responsables tenemos mucho que ver con la manera en la que se construyen esas relaciones.
Cómo podemos trabajar estas situaciones
En mis procesos individuales acompaño a personas que quieren mejorar su manera de comunicarse, gestionar los desacuerdos y construir relaciones de confianza dentro de sus equipos. Cuando se trata de responsables, podemos trabajar cómo reaccionan ante los errores, qué comportamientos están fomentando y cómo favorecer una colaboración más natural entre las personas.
En el acompañamiento a empresas, podemos observar cómo se relacionan los equipos, qué ocurre cuando aparecen equivocaciones y si existen dinámicas que dificultan la confianza o la coordinación. A partir de ahí, es posible plantear procesos de acompañamiento, talleres o acciones formativas adaptadas a las necesidades de la organización y a sus objetivos.
Porque trabajar en equipo no significa pensar todos igual ni asumir las responsabilidades de los demás. Significa entender que, cuando alguien se equivoca, nuestra primera reacción también dice mucho del equipo que estamos construyendo.
Y quizá, antes de pensar a quién contarle el error de un compañero, deberíamos preguntarnos si lo que realmente necesita es que hablemos con él.
¿Está pasando algo parecido en tu equipo?
Podemos conversar sobre lo que está ocurriendo y valorar qué acompañamiento tiene sentido.
Cuéntame qué está pasandoConoce el acompañamiento a empresas