LIDERAZGO · GENERACIÓN Z · DESARROLLO PROFESIONAL
¿Por qué la Generación Z no quiere liderar?
Quizá estamos haciendo la pregunta equivocada

Últimamente escucho bastante que la Generación Z no quiere asumir puestos de responsabilidad, que no quiere liderar equipos o que no tiene el mismo interés por promocionar que generaciones anteriores.
Y cada vez que lo escucho pienso que quizá estamos simplificando demasiado la conversación.
Porque una cosa es no querer crecer profesionalmente y otra muy distinta es mirar hacia arriba, observar cómo viven quienes ocupan determinados puestos y decidir que ese tipo de responsabilidad no te compensa.
Lo que están viendo
Las personas que empiezan ahora su carrera profesional también observan mucho más de lo que a veces pensamos.
Ven a responsables que llegan antes y se marchan después, que tienen que cumplir objetivos con equipos incompletos, resolver conflictos, cubrir ausencias y recibir presión desde varios sitios al mismo tiempo.
También ven algo que para mí es importante: muchas veces la responsabilidad aumenta bastante más rápido que la capacidad real para decidir.
Y entonces entiendo que alguien pueda preguntarse si realmente quiere estar ahí.
No creo que sea necesariamente falta de compromiso ni falta de ambición. A veces puede ser simplemente que la imagen que estamos ofreciendo de un puesto de responsabilidad no resulta demasiado atractiva.
Liderar debería significar algo más
Para mí, asumir responsabilidad debería permitirte crecer, aprender, tomar decisiones y desarrollar una manera propia de acompañar a otras personas.
Pero no siempre ocurre así.
Hay personas que llegan a puestos de liderazgo porque conocen muy bien el trabajo, porque llevan años en la empresa o porque han demostrado resultados, pero eso no significa que sepan automáticamente gestionar personas, mantener conversaciones difíciles, poner límites o trabajar con la presión que supone estar en medio de las necesidades del equipo y de las exigencias de la organización.
Si además sienten que todo depende de ellas, es fácil que el puesto termine convirtiéndose en algo difícil de sostener.
Y quienes vienen detrás lo ven.
Quizá estamos entendiendo el crecimiento de otra manera
Durante mucho tiempo hemos relacionado crecer profesionalmente con subir dentro de una estructura: más responsabilidad, más personas a cargo y, en teoría, más éxito.
Pero creo que hoy muchas personas también entienden el crecimiento de otras formas: aprender más, especializarse, tener autonomía, participar en proyectos que les interesen o poder trabajar sin que su vida gire completamente alrededor del trabajo.
Eso no significa que no quieran asumir responsabilidad.
Significa que quizá ya no aceptan tan fácilmente que crecer tenga que implicar vivir peor.
Y creo que esto obliga también a las empresas a revisar qué están ofreciendo cuando proponen a alguien dar ese paso.
Si nadie quiere promocionar, también hay algo que mirar
Cuando en una organización cuesta encontrar personas que quieran asumir puestos de responsabilidad, la conversación no debería quedarse únicamente en pensar que las nuevas generaciones no tienen ganas de comprometerse.
También puede ser útil preguntarse qué imagen tienen de esos puestos, qué han visto hacer a sus responsables y qué apoyo reciben quienes ya están liderando.
¿Tienen autonomía real?
¿Reciben formación para gestionar personas?
¿Pueden poner límites?
¿Tienen tiempo para liderar o simplemente tienen que añadir la gestión del equipo al resto de sus tareas?
Porque si queremos que alguien quiera ocupar un puesto de liderazgo, también tendremos que conseguir que ese puesto sea sostenible.
Cómo trabajo este tipo de procesos
Cuando acompaño a una persona que está valorando asumir más responsabilidad, no parto de la idea de que tenga que aceptar o rechazar ese paso.
Trabajamos para entender qué quiere realmente, qué le preocupa, qué tipo de líder quiere ser y qué necesita para poder sostener ese rol sin perderse por el camino.
Conocer el acompañamiento para particulares
Y cuando trabajo con empresas, la mirada es algo más amplia. No se trata solo de preparar a alguien para que promocione, sino de revisar qué necesita esa persona para liderar bien, qué apoyo tiene, qué conversaciones están pendientes y qué condiciones pueden ayudar a que asumir responsabilidad sea una oportunidad de crecimiento y no simplemente una carga más.
Conocer cómo trabajo con empresas
Porque quizá la pregunta no sea solo por qué la Generación Z no quiere liderar.
Quizá también tengamos que preguntarnos qué estamos haciendo para que liderar merezca la pena.
